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La Quinta de los Molinos: un cementerio provisional

Autora: Lic. Laritza Céspedes

La Quinta de los Molinos. Foto de época La Quinta de los Molinos es un hermoso sitio del enclave habanero del Vedado, donde sus bellas arboledas recrean la vista de sus visitantes. Nadie imaginaría que ese inmenso conjunto de jardines, ubicado en el nacimiento de la avenida Carlos III, haya sido en algún momento, un cementerio.

En 1833 azotó a Cuba una epidemia de cólera morbo. Las autoridades españolas no reconocieron enseguida la presencia del mal en la isla, lo que demoró una toma de conciencia por parte de la población, que tardó demasiado en aplicar medidas para protegerse de la plaga, y ello aumentó el número de muertes. A pesar de que la ciencia de aquella época era muy atrasada, y más aún la medicina española, fueron aplicadas medidas básicas higiénico – sanitarias. También comenzaron a venderse en La Habana impresos al precio de un real con instrucciones sobre cómo prevenir el cólera morbo.

Pero la enfermedad, cada vez más extendida cobraba cada vez más vidas. Ante el veloz avance del mal las autoridades dieron orden de sepultar los cadáveres provenientes de fincas cercanas a iglesias en el piso de aquellos templos, cavando fosas profundas y que, una vez colocado el cuerpo en su interior, debían ser recubiertas con cal viva.

El cementerio general, creado en 1806, muy pronto no dio abasto para acoger a las víctimas y a partir del 27 de marzo se comenzó también a enterrar en la Quinta de los Molinos, “en un gran paño de tierra cedido por la Institución Agrónoma para este fin”. Afirma el investigador Luis Abréu en su libro Historia de la Quinta de los Molinos, que desde el mencionado día hasta el 11 de abril fueron inhumados allí 1 451 cadáveres, correspondientes a 483 individuos blancos y 968 “de color”. La cifra más elevada de sepultados en un solo día alcanzó los 206 cuerpos. Algunos de los altos militares que dirigieron las obras de enterramiento sucumbieron pocas horas después, víctimas del mal.

Este cementerio improvisado desató una polémica entre las autoridades españolas, que ordenaron distribuir a los cadáveres ciertas papeletas que les darían o no el derecho a yacer en la Quinta de los Molinos. Se alegaba que la inhumación de cadáveres contaminados por el cólera implicaba un riesgo demasiado grande para la población de las cercanías de la Quinta. Miembros del Protomedicato y la Junta General de Socorros se trasladaron al lugar y, tras examinarlo, lo declararon inadecuado para hacer la función de camposanto. Como era de esperarse, la picardía criolla no perdonó esta magnífica oportunidad para lucrar, y personas inescrupulosas comenzaron a cobrar hasta cuatro pesos a los familiares de los fallecidos para concederles las papeletas que aseguraban a su ser querido yacer bajo los árboles del magnífico retiro campestre.

Según las estadísticas del doctor Ramón de la Sagra, murieron de cólera en La Habana 8 253 personas, un 8 por ciento de la entonces población de la capital. El mayor número de víctimas tuvo lugar entre los negros de nación libres, y el menor, entre las hembras de raza blanca.

¿Dónde estuvo o está emplazado aquel cementerio emergente en la Quinta de los Molinos? Acerca del lugar exacto en que estuvo emplazado el cementerio de los Molinos puede tomarse en consideración la versión ofrecida por la revista El Curioso Americano, de febrero de 1895, en un pequeño artículo titulado El cementerio de Los Molinos.

…” En terrenos de la antigua estancia conocida con el nombre de los Molinos del Rey, por existir en ella los pertenecientes a la Real Hacienda demolidos en 1821, se destinó para cementerio provisional durante la primera invasión del cólera en La Habana, un espacio limitado por el Paseo de Carlos III y la vereda que conduce a la proyectada ermita de Monserrate, y al paraje conocido por La Requena[…]// Una profunda zanja recibió en el espacio de dieciséis días 1451 cadáveres [ …]// El día 6 de febrero del corriente, al abrir los cimientos para la construcción de un cuartel de ingenieros se hallaron a un metro de profundidad los huesos de catorce esqueletos correspondientes quizás a la parte superior de la fosa mencionada.// Este hallazgo ha puesto de manifiesto el sitio elegido para cementerio provisional en aquellos tristes días, del cual solo se conservaba el nombre, pues ni siquiera en el Obispado existe constancia de su verdadera localización.// el sitio elegido era, y aun es actualmente, bajo, y regado por vías de agua, al extremo de aparecer ésta a poco que se profundice// en estas condiciones y contra todo lo que pudiera esperarse se han conservado estos huesos durante sesenta y dos años en un estado que no han alcanzado los que en la misma fecha y muertos por la propia enfermedad, han sido enterrados en bóvedas, como ha sucedido a los restos del ilustre marino, Don Ángel Laborde [ …]”…

Nunca se dio orden de desenterrar los cadáveres y trasladarlos a otro sitio, dado el riesgo que ello implicaba.

El siguiente croquis da una idea de la situación de este cementerio.
Antiguo cementerio

Uno de los episodios más hilarantes conocido a propósito del tema es el de un esclavo negro quien conducía un carretón repleto de cadáveres hacia la Quinta de los Molinos, quien dio lugar a esa anécdota inefable que se ha conservado, cuando uno de los cuerpos sin vida que llevaba en su carreta intentó levantarse, pues se trataba de un borracho recogido por error y mezclado con los fallecidos. El esclavo lo sujetó mientras intentaba convencerlo con este singular razonamiento para que no interrumpiera el viaje: “Tú no puedes bajarte, porque estás muerto, lo dice aquí en tu papeleta, y papelito jabla lengua”.

Y este es uno de los eventos poco conocidos que enriquece la historia de nuestra, ya antigua, ciudad habanera.

Fuente

Abreu, González Luis. Historia de la Quinta de los Molinos. Ediciones Boloña, Colección Raíces, La Habana, 2014.

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