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Jeannette F. Ryder: El Bando de Piedad en Cuba. (+ Fotos)

Equipo de Historia y Museología

El 9 de abril en la Necrópolis Cristóbal Colón se conmemoró un aniversario más del fallecimiento de la estadounidense Jeannette Ford Ryder a la edad de 65 años. Fue defensora a ultranza de los desprotegidos, labor que la llevó a fundar la sociedad “Bando de Piedad”, protectora de huérfanos, animales y plantas.

La inhumación aconteció, según consta en el registro de enterramiento, en una bóveda de su propiedad con el número 1021, sin que conste en el registro de Protocolo su ubicación exacta,ni su adquisición, uno de estos hechos inusuales y curiosos sobre el cual aún los investigadores intenta develar la realidad.

Trece años más tarde se exhumaría para trasladarla al monumento que le diera su definitiva sepultura, erigido por suscripción pública a iniciativa de la institución por ella fundada. El monumento posee un carácter excepcional dentro de la necrópolis por ser el único sepulcro que cuenta con una escultura yacente y representar al conmemorado ya fallecido de un modo testimonial.

Constituye un conjunto escultórico sin apenas fragmentación donde se integran en la perspectiva la tarja conmemorativa, la imagen del perro – Rinti- “Fiel hasta después de muerta”. El cuerpo de la anciana sobre el lecho luctuoso y un respaldo escalonado con los perfiles de un niño y una niña en los extremos del muro.

Su autor Fernando Boada recurre nuevamente a la piedra conchífera, reservando el vaciado en bronce para los retratos infantiles; a la concepción compactada, que se va despejando en la sucesión de planos sin desvirtuar el referente figurativo – ilustrado de un modo realista; al muro escalonado cerrando verticalmente la composición y a reservar un espacio, aunque sea mínimo, al elemento tierra, ahora aprovechado en función de jardín.

La planta busca la profundidad escalonando cada plano. El filo cortante de los pedestales y del lecho de la fallecida va cediendo al volumen modelado suavizando la piedra. Los pliegues del ropaje apenas se esbozan para centrar la atención en el rostro apacible de rasgos acentuados y en las manos entrecruzadas sobre el vientre. Las propiedades texturales del material se aprovechan expresivamente, así como los juegos plásticos de las luces y las sombras. Representando a los niños y al perro más que documentar las cualidades benefactoras de la conmemorada los hace acompañarla eternamente en un acto de gratitud que trasciende la muerte.

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