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Tesoros en riesgo: responsabilidad institucional y ciudadana. (+ fotos)

Lic. Laritza Céspedes
Lic. Evelin Pérez

La tumba del dominó: es así como popularmente se ha dado a conocer este hermoso panteón ubicado en el Cuartel NO Cuadro 8 de Campo Común, en la necropolis citadina.

Los terrenos donde se asienta fueron adquiridos en 1909. El 3 De agosto de ese año, según consta en los libros de Protocolo, acudió el Sr.Juan Martín González, en representación del Sr. Hubert de Blanck para adquirir una parcela de terreno. Se acordó la división de la parcela el mismo día de la solicitud, y finalmente se concertaron dos parcelas colindantes con los numeros de propiedad 6217 y 6218 respectivamente,la una a nombre del Sr. Hubert de Blanck Valet, y la otra a nombre de Juan Martín González.

Al estar ambos emparentados por el matrimonio del Sr de Blanck con la hija del Sr Martín, Pilar, se construye en ambas parecelas de 8,75 mts2 de superficie, un panteón de 4 bóvedas y 2 osarios, situadas las primeras mirando al sur. Detrás se encuentran los dos osarios, separados por una imagen escultórica de Cristo de metro y medio de altura, sin contar con el pedestal.

Pudiera pasar desapercebido como cualquier otro si no fuera porque reúne en su historia, el descanso final de una figura de alto renombre para la cultura, y una pieza artistica tan singular, que el panteón se ha bautizado con su nombre con el paso de los años.

Hubert de Blanck Valet, compositor, pianista, profesor, nació en Utrech, Holanda el 11 de junio de 1856. Estudió música en el conservatorio de Lieja, Bélgica. En 1882 realizó su primer viaje a Cuba y al siguiente año volvió para radicarse definitivamente. En 1885 fundó un conservatorio que primero llevó su nombre y luego se denominó Conservatorio Nacional. Su creación artística es amplia. Entre sus obras más representativas figuran: Capricho cubano; Concerto; Suite para grupo de cámara; Quinteto para piano y cuerdas; óperas como: Actea e Icaona y Patria. Falleció en La Habana el 28 de noviembre de 1932, dejando un vastísimo legado cultural aparte de su apoyo a la gesta independentista. Su hija Olga de Blanck, compositora, pianista, guitarrista y arreglista, también fue inhumada en esta propiedad.

Juana Martín, suegra del compositor, fue una canaria radicada en Cuba. Casada con Juan Martín y madre de Pilar, era dueña del jardín “El Fenix”, en La Habana.

Se cuenta que era una apasionada jugadora de dominó, tan apasionada, que encontró la muerte en medio de una partida, al no poder poner la ficha del doble tres. Sus hijos encargaron la realización de una singular pieza escultórica, conocida como la ficha del dominó y que es justamente una de esas piezas del popular juego: el doble tres, sobredimensionada por la imaginación artística. Esta pieza escultórica es uno de los mayores atractivos para visitantes nacionales y foráneos que acuden a diario a visitarnos.

Este importante panteón es de mármol de Carrara y fue fabricado por el taller marmolero de Casellas, Maloja 66. La cerca estaba formada por doce pilares que sostenian los tubos de bronce. En el año 2013 fue sometida a una reparación capital asumida por la Oficina del Historiador y la Necrópolis.

Lamentablemente, este panteón ha sido el centro de actos vandálicos en más de una ocasión. Hace aproximadamente 6 años la base de esta singular escultura fue lacerada, siendo restaurada por el Taller de Restauración de la necrópolis. El pasado mes de mayo de este año 2017, volvió a ser vandalizado, a manos de personas inescrupulosas e inconscientes que, a pleno dia, apuestan por el robo y la destruccion de los bienes privados y públicos del cementerio para lucrar a su favor. En esta ocasión fueron desprendidos los pilares de su base y sustraidos, junto con los tubos de bronce.

Afortunadamente en esta ocasión, la rápida acción de los propios trabajadores del cementerio y agentes de Seguridad permitió que los responsables fueran identificados y puestos a disposición de los tribunales, en espera de sanción. Pero lamentablemente el daño ha sido consumado, y cuesta ahora recursos a la institución el devolverle su gracia y originalidad.

Los cementerios son espacios de historia y el reflejo de la sociedad que los crea, contenedores donde leer y estudiar pasado, presente y futuro de las naciones. Es deber institucional crear las condiciones para la salvaguarda del patrimonio que en ellos se encuentra, pero es responsabilidad individual y ciudadana fomentar y ayudar a su preservación. Cuando se daña, sustrae o destruye un bien cementerial no solo se afecta la imagen de la institución, sino la historia de esa sociedad, pueblo o nación que lo ha creado. Privado o estatal, cada uno de estos tesoros constituye un bien social al alcance de todos para su estudio o simple contemplación. Conservar el legado histórico es una responsabilidad moral individual y social.

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