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Alpinistas para los colosos del patrimonio

Laritza Céspedes
Fotos: Evelin Pérez

Para un sitio como este cementerio, proyectado y construido en pleno siglo XIX, en terrenos ocupados por fincas y alejado de la ciudad, diseñado en función de un servicio de sanidad pública, no dejará nunca de asombrar al visitante la presencia de las tres construcciones de mayor altura con que cuenta la planta cementerial.

Delimitando el terminal de la calle 12, a la altura de la Calzada de Zapata, domina el espacio visual del visitante la majestuosa Puerta de la Paz. Ya en el interior, recorriendo la avenida Cristóbal Colón resalta, desde la distancia, la presencia de otras dos construcciones atrayentes por su magnífica alzada en un espacio destinado a que prevalezca más la horizontalidad.

Portada Norte, o Puerta de la Paz, construida entre 1871-1874. Su altura total, hasta el remate del grupo escultórico que la corona, es de 21.66 metros. El grupo escultórico que la corona y los dos altorelieves colocados en ambas caras son del escultor cubano José Vilalta Saavedra.

Monumento a los Bomberos: Construido entre 1892 y 1897. Su altura: 20 metros. Obra de los artistas españoles Julio M. Zapata y Agustín Querol, arquitecto y escultor respectivamente.

Capilla central: Finalizada su construcción en julio de 1886. Desde el pavimento hasta la cúpula posee 28 metros de altura. Detrás del Altar Mayor se encuentra la pintura “El Juicio Final”, realizada por el artista cubano Miguel Melero.

Son precisamente estas colosales obras las que mayores prestaciones requieren para su conservación y restauración. La utilización de andamios y redes ofrece a los restauradores la posibilidad de llegar con mayor seguridad a sus puntos más altos para realizar los trabajos, especialmente en procesos de restauración integral, y requiere la movilización de mayores cantidades de recursos y personal.

Para realizar acciones de conservación preventiva, limpieza o restauración puntual, sin embargo, muchas veces es más efectiva la aplicación de técnicas como el alpinismo. Se requiere del uso y movimiento de una mínima cantidad de recursos – a diferencia del andamiaje-, permite alcanzar sitios puntuales o cubrir pequeños tramos, y diferentes alturas en menos tiempo.

La formación integral del restaurador va más allá de conocer las mejores técnicas y materiales para la restauración, ha de contar con una preparación física óptima y dominar recursos alternativos como el alpinismo, para extender la existencia de estos colosos del patrimonio.

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