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A la ligera no se vale hacer periodismo

Hace apenas un par de semanas fue publicado en Cubadebate por los periodistas Juan Ariel Toledo Guerra y Gabriela Roig Rosell un artículo acerca de nuestro cementerio, que más allá de visualizar y polemizar sobre los problemas del cementerio, simplificaron los logros y maximizaron las fallas desde una perspectiva muy parcializada, al punto de utilizar como blanco de críticas a un funcionario que está muy lejos de representar lo que, según ellos, es evidente: la irresponsabilidad y el irrespeto de los trabajadores de Servicios Necrológicos frente al tema sensible de la preservacion y el cuidado del patrimonio cementerial. Sirva este escrito para reivindicar ese nombre y hacer reflexionar a periodistas y pueblo, que tan dados son a criticar sin documentarse apropiadamente para escribir con ligereza sobre temas que pueden pasar de simple crítica interna a polemizarse, politizarse y ser utilizados para agredir las concepciones y las políticas de nuestro gobierno relacionadas con la administración pública.

La necrópolis Cristóbal Colón es un sitio muy complejo. Resulta una institución pública, estatal, insertada en un sistema de administración y gestión muy atípico. Es una unidad presupuestada de Servicios Necrológicos, adscrito a la Dirección de Servicios Comunales. Su vínculo con las instituciones de Patrimonio es meramente metodológico.

Resulta que su principal función es ofrecer los servicios básicos de inhumación de cadáveres y el resto de los tramites que hoy día se derivan de los procesos de fallecimiento: exhumar, incinerar, trasladar restos,etc. Esa es su misión primordial, para la cual fue creado y puesto en funcionamiento desde el 1869.

Por supuesto que su objeto social a lo largo del tiempo ha tenido que ser indiscutiblemente ampliado, por los disimiles valores que los años de explotación le han otorgado. Así es que hoy en día, además de su función social de inhumar y exhumar los restos mortales de los fallecidos de la capital – el 80 % de los cuales son recibidos ahí- aspira a ser considerado Cementerio- Museo, por sus valores históricos, artísticos, arquitectónicos y culturales de manera general, y tiene la gran responsabilidad de contarse entre los sitios declarados Monumento Nacional. Esta declaratoria, muchos ignoran que fue realizada de forma expedita, respondiendo en su momento a la urgencia de rescatar y recuperar el cementerio del deplorable estado de abandono en que se hallaba sumido a mediados de los años 80. Objetivo que fue cumplido con un esfuerzo conjunto entre todos los factores del gobierno interesados en su recuperación.

El cementerio Colón no puede ni debe ser jamás, llevado a comparación con ninguno del resto del país. Y es que sencillamente cada cementerio tiene sus propios valores, desde los más rurales e intrincados hasta los más suntuosos, lujosos y céntricos. Si bien, a diferencia del resto, este coloso que posee más de 53 000 propiedades, y una extensión de 4 km2, debe ser valorado más por lo que en él se ha logrado con mucho esfuerzo y pocos recursos gracias al constante apoyo político del país, aunque sin dejar de reconocer todo lo que aún falta por alcanzar.

La administración y manejo de cualquier cementerio es mucho más compleja y profunda que la misión de conseguir que ningún fallecido quede sin digna sepultura. Existen temas totalmente ignorados por los ajenos y desconocedores, como son el tema de los recursos para el mantenimiento de las construcciones administrativas, o el estatus legal de las propiedades cementeriales que establezcan los límites de responsabilidades, derechos, deberes y obligaciones tanto de las administraciones de los cementerios como de los propietarios de los inmuebles que en ellos se encuentran: bóvedas, panteones, capillas, terrenos, que pueden o no contar con un propietario legal o poseedor, o las instituciones del Estado, del gobierno y de la sociedad civil. A todos corresponde una justa cuota de responsabilidad por el descuido, el abandono constructivo, la desvalorización y la irresponsabilidad social por lo colectivo y lo privado dentro de este espacio social.

Otro grado de responsabilidad, lejos del alcance decisor de los administrativos, está en manos de las instituciones del gobierno encargadas de las políticas legislativas y de establecer estos niveles de responsabilidad; a cada cual los derechos y las obligaciones que les corresponda.

Pero que el desconocimiento de estas realidades no exonere de la responsabilidad a quienes, conociendo el alcance y el poder del periodismo, pero descuidando la responsabilidad de la imparcialidad, con tanta ligereza no dudan en exponer a la palestra pública y al descredito el nombre de una persona que justamente ha hecho de ese cementerio, de forma humilde y constante, el centro de su trabajo.

Porque es triste que en cuatro cuartillas sensacionalistas y poco profundas se intente desacreditar un nombre y un prestigio que se han ido formando durante los últimos 24 años de su vida profesional, dedicados íntegramente a la labor de la restauración, la preservación y el rescate del patrimonio del cementerio Cristóbal Colón. El Ingeniero Calos Bauta Martín, miembro fundador del Equipo Técnico de la Necrópolis Cristóbal Colón desde 1994.

Porque estos periodistas ignoraron explicar que se presentaron sin previo aviso para realizar su entrevista – que debía ser notificada a las instancias del gobierno correspondiente, como está establecido para los funcionarios públicos en las instituciones del estado, que no se niegan a ser entrevistados, pero que cumplen con instrucciones que la política del país establece.

Y que lo hicieron justo un martes, el día que por organización interna se prestan los servicios de atención al público de Asesoría para tramites de dominio, y están citados todos aquellos que comienzan o se encuentran realizando trámites relacionados con la transferencia de propiedades. Público que hoy se encuentra satisfecho de que un trámite que, hace unos pocos años podía demorar y complicarse – incluso de manera intencional- hoy se realiza en un margen de tiempo no mayor de 20 días, con la seguridad de una documentación en regla, desde que este compañero a quien se tacha de irrespetuoso, asumió la función de la Asesoría, liberando a la Administración de un serio problema que se venía arrastrando y que fuera causa constante de denuncias.

La presencia de las fuerzas de la Oficina del Historiador de la Ciudad dentro de la necrópolis para los proyectos de restauración de panteones, que tantas personas alaban y que incluso creen que responde a que Eusebio Leal es el “dueño” del cementerio, lleva igualmente un alto grado de responsabilidad en la gestión de este compañero, representante y defensor de los intereses de la institución, así como la creación de un aula taller de las Escuelas de Oficio de la Habana Vieja dentro del cementerio, proyecto de intercambio favorable para ambas partes.

Y quedaría mucho más por exponer, si fuera requerido, en cuanto a gestiones y resultados de trabajo de este sencillo ingeniero y restaurador a quien respetan por su trayectoria desde el más humilde de los trabajadores hasta las más altas personalidades de nuestro gobierno, que confían en su criterio y en su experiencia. Aquellos que hoy han sido convocados una vez más a invertir recursos y aunar esfuerzos para que el cementerio, obra de todos y para todos, gane cada día más prestigio y continúe como hasta hoy, contando entre su personal con profesionales como el ingeniero Carlos Bauta Martin, que hacen del Equipo Técnico de la Necrópolis Colón, líder fundador, creador y promotor de las pautas adoptadas para la Red Nacional de Cementerios Patrimoniales de Cuba para la puesta en valor, preservación y gestión del patrimonio cementerial de toda la nación.

Y en respuesta final a esos jovenes periodistas comunicamos que la bóveda de “La Milagrosa” no es atendida con deferencias por parte de los trabajadores del cementerio. Cuenta con un grupo independiente de fieles quienes se encargan personalmente de su cuidado, esperando que la fe de los seguidores y sus aportes económicos les permitan continuar cuidando del sitio y de sus propios intereses. Para los profesionales del patrimonio dentro del cementerio todas y cada una de las propiedades tienen su propio valor y significado. Si se hubieran hecho acompañar por los especialistas estamos seguros que los resultados de su artículo habría sido mucho más serio y responsable.

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